
Estudios demuestran que la mayor fuente de percepción de amenaza durante la infancia proviene de la falta de amor paternal. Revelan, también, que los niños se adaptan mejor cuando se sienten aceptados por sus padres. ¿Cómo lograr hijos vencedores?
La soledad infantil puede aparecer por una variedad de razones, alguna de ellas pueden tener que ver con los fracasos interpersonales de la persona solitaria.
El sentido de pertenencia a un grupo es de vital importancia para que un niño se sienta aceptado.
Lamentablemente, no siempre se dan estas condiciones, por diversas causas como: algún defecto físico, habilidades sociales pobres, baja autoestima, cambios de escuela, de barrio, etc.
Muchas veces el sentimiento de soledad infantil suele estar asociado a la timidez, por la cual el niño no logra establecer amistades sólidas por el tiempo que le lleva establecerlas, y esto puede llevarlo a evitar relaciones interpersonales y rendirse fácilmente a la búsqueda de amistades, creando así más aislamiento.
Las personas tímidas pasan mucho tiempo tratando de establecer una relación sólida. Para conseguir esto, sufren miedos y ansiedades, y, muchas veces, por miedo al fracaso o a la vergüenza evitan tener encuentros sociales, y la soledad es lo que se obtiene.
La persona solitaria generalmente suele adoptar una postura negativa frente a situaciones que requieren un intercambio interpersonal.
Los síntomas específicos que puede sentir una persona solitaria generalmente son: sentirse depresivos, solitarios, tensos o paranoicos.
Por otro lado pueden tener sentimientos de derrota que llevarían a reflexiones como: “algo anda mal en mí” “soy un fracaso” o “yo no puedo hacer amigos”.
Estudios realizados con niños de edades entre 6 y 12 años,1 encontraron que la mayor fuente de percepción de amenaza durante la infancia proviene de la falta de amor paternal. También mostraron que cuando los niños se sienten aceptados por sus padres, encuentran más sencillo adaptarse, mientras que una relación que no se perciba como apropiada es generalmente asociada con un afrontamiento inadecuado y sentimiento de soledad y depresión.2 Por otro lado, si el niño puede observar buenas relaciones dentro de su hogar, probablemente será más sencillo para el extender buenas relaciones fuera del mismo.
La unión positiva con sus padres ayudará al niño a sentirse más seguro de si mismo al establecer relaciones con otros.
Un niño, para desarrollarse con salud integral necesita ser atendido, cuidado protegido y acogido.
Paralelamente con las sensaciones de bienestar experimentadas por el niño, también existen experiencias de dolor, temor e inquietud, propias de la experiencia de vivir.
Estas primeras experiencias necesitan ser atendidas por los adultos responsables del niño, ya que la exposición prolongada y continua a experiencias de insatisfacción en los primeros años de vida genera frustración y desamparo.
La calidad del vínculo en la relación padre-hijos es fundamental, dado que en ellos se transmiten sentimientos de amor, seguridad, identidad y sentido de pertenencia, lo que dará al niño seguridad y valoración personal.
Es por ello que los primeros vínculos que formen con el niño, son de vital importancia ya que los mismos le brindan la confianza básica necesaria para creer en si mismo y en los demás.
“El vínculo que se establece al nacer, es un proceso cotidiano de construir una relación, y necesita darse en todas las etapas evolutivas. Cada día los padres y los hijos están en el proceso de fortalecer sus conexiones o debilitarlas.
Los hijos aprenden mejor de los padres y maestros a los que tienen cerca. Aceptan más la corrección cuando viene de alguien que sabe que los ama.
Este vínculo es un escudo de defensa que proporciona la seguridad personal que necesitan los niños de modo que puedan responder a su mundo con racionalidad y creatividad, en lugar de reaccionar por temor o por sentimientos de fracaso y rechazo”.3
Un niño necesita confiar, amar, desear vivir y apoyo para poder brindar lo mismo a otros niños cuando ellos ya no lo sean.
Referencias:
1 Realizado por Richard de Minzi (1991), citado en Richard de Minzi (2004).
2 Por Richard de Minzi y Sacchi (1997), citados en Richard de Minzi (2004).
3 Citados por Kay Kuzma (2008) en: “Los primeros 7 años: Paternidad con valores firmes y u toque tierno; Pág. Nº 62.
por Maria Gabriela Gonzalez Nizzo
Lic. en Psicopedagogía
Universidad Adventista del Plata




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